Y así acechaba la sombra detrás de mí, con esa galantería que
solo ella sabía.
Si, se alimentaba de mí, no dejaba de succionar los
sentimientos de mi corazón, le encantaba, era su platillo favorito.
Me amaba y tal vez yo también la amaba porque no le dejaba
ir, le acariciaba y sentía como ese tipo
de personas que detestan tener mascotas, pero cuando una toca a su puerta,
herida y mallugada, la mantiene, la cuida y se encariña de ella, esa mascota
que dijiste nunca tener porque odiabas limpiar y que ensuciara, ahora la tienes,
y la odias y quieres al mismo tiempo. Te resulta una molestia, pero no sabes cómo
vivir sin ella ahora.
Así era mi querido Kumver, la sombra que llego para
quedarse. Mi amante, mi protector y al mismo tiempo mi devastador.
¿Hasta cuándo te irás mi amor?, mi dulce pena, mi placer
sufrido.
Y así están las cosas en Vermelha.
Con cariño para Alec.

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