domingo, 19 de mayo de 2013

Exhale... Y descanse

A continuación, escribiré una narración que tenía deseos de compartir con las personas que me leen. Es algo larga, y puede resultar cansada asi que sugiero lo lean cuando tengan el tiempo y no se sientan obligados a leerlo todo de una vez. También me gustaría que si llegas a leer el siguiente texto, te sientas libre de dejar un comentario; creo que he dejado la opción de comentarios anónimos habilitada, así que no veo problema en que cualquiera pueda comentar. Los comentarios, quejas, sugerencias, críticas, etc., son bienvenidos. En fin, disfruten.


 Vómito; sangre de nuevo. Deje salir el agua del grifo y me moje la cara para despertarme un poco. Un escalofrío recorrió mi espalda y exhale fuertemente. Me moje la cara nuevamente y tome una toalla para secarme.
    Hacia mucho frío y no tenía nada para cubrirme. Me metí lentamente en la cama y me cubrí la cara con una almohada, exhale de nuevo abrazando mi cuerpo tratando así de deshacerme del doloroso frío que invadía la habitación y ahora mi cuerpo. A pesar del frío y la incomodidad de la dura cama, después de unos minutos logre dormir un par de horas.
    Al despertar, me encontraba en la misma posición que hace unas horas y los rayos del sol se extendían por la habitación entera. Lleve mi mano izquierda a mi frente por debajo de la almohada y me senté en la cama haciendo que la almohada cayera en mi regazo. Al cabo de unos minutos, me levante de la cama y camine hacia el lado opuesto de la habitación; me detuve frente al espejo y comencé a tocarme los brazos mientras me veía con desagrado.
    Mi cadavérico cuerpo se veía horriblemente gordo en el espejo frente a mis ojos. Derramé un par de lágrimas mientras seguía con la "inspección" midiendo el grosor de mis brazos de las muñecas hasta los hombros. Como siempre, había quedado con una insatisfacción muy grande.
  
    Tomé la ropa del instituto y me vestí con ella a pesar de que era sábado. Me vi de nuevo en el espejo acomodándome la ropa y quejándome en el interior de lo mal que me veía con ella; tome mi suéter favorito y salí de la habitación dirigiéndome a la entrada de la casa. Salí de ahí y cerré la puerta silenciosamente sin decirle nada a nadie.
Era una tarde soleada pero el clima era muy frío. Cruce los brazos para tratar de calentarme un poco y seguí caminando sin saber a dónde, sin detenerme y sin mirar nada más que el camino.
    Después de unos quince minutos de caminar sin rumbo, me tope con un árbol, que a pesar de viejo tenía todas sus hojas verdes y brillantes y me senté debajo de él a ver a la gente pasar. El aire tenía una especie de melancolía familiar y debajo de ese árbol me sentía segura, como si nada ni nadie pudiese dañarme y todo estuviese bien.
Deje salir un suspiro y saqué mi celular de mi bolsillo, lo vi fijamente unos minutos y después de eso lo guarde de nuevo, dejando salir nuevamente un suspiro. Tras unos minutos, hice lo mismo como si esperase algo…o a alguien.
    Estaba sola de nuevo. Veía a las personas pasar y abrazarse, reír, jugar…todo eso provocaba en mi corazón un horrible estremecimiento. Sentía celos de la gente que era feliz, porque yo ya no podía serlo; estaba atrapada en mi pequeña cárcel y ahora me era imposible salir de ella. De nuevo, saqué algo de mi bolsillo, pero esta vez eran pastillas para dormir y un poco de vodka en una botella.
    Entonces, comencé a llorar y a tomar las pastillas tragándolas con vodka, llorando más fuerte cada vez; pensando en la gente que antes eran mis amigos; pensando en mi familia que me había abandonado y que yo había decepcionado; pensando en que no volvería a verte jamás. Pero de pronto, cuando estaba perdiendo lentamente la conciencia, pude ver tu silueta caminando cerca de ahí. Estabas abrigado con una bufanda negra y larga, caminando sólo como siempre. Dos últimas lágrimas salieron de mis ojos mientras corrías asustado al verme caer en el frío suelo y pude, por última vez, escuchar tu voz y sentir tus brazos abrazándome con ternura y miedo al mismo tiempo. Me pediste no morir pero estaba muy cansada…ya era muy tarde. ¿Qué había hecho? Tú siempre estuviste ahí y yo, ciega, no pude verte…no pude sentirte. Cerré los ojos y sonreí sintiendo como una hoja de aquel viejo árbol verde caía en mi rostro.
 
 

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