Y de su vientre, nació un niño; un niño sano y fuerte que tenía todo lo
necesario para crecer y ser perfecto. Poseía en su interior la
inteligencia suficiente y muchos dones y cualidades que lo llevarían al
éxito aprendiendo a usarlos.
—¡Qué niño tan horrible!
—¡Y miren que horrible mirada lleva!
—Su piel parece ser la nieve misma.
—Es la muerte renaciendo.
Todas estas frases y horribles palabras salían siempre de la gente que
veían al futuro rey de la tierra roja. Su madre, orgullosa de su pequeño
hijo de castaña cabellera y tristes ojos cafés, tan solo ignoraba lo
que ellos tenían que decir: "A palabras necias, oídos sordos" decía
siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario