Los días pasaban y aquel muchacho estaba siempre ahí: puntual, siempre sonriente, siempre arreglando mis flores marchitas y mis árboles secos. No supe cuándo ni cómo es que entró a mi reino, pero no me importó. Estaba feliz de verlo siempre ahí y poco a poco fui deseando más y más el momento de encontrarme con él.
Una mañana nublada llegué como siempre, pero no pude encontrarlo, busqué y busqué en cada jardín del castillo y al final no encontré nada. Me senté a llorar pues estaba perdida y había perdido mi camino.
De pronto escuche una voz que me preguntaba:
— Anat, ¿Por qué lloras?
Le respondí que estaba perdida, abrí los ojos mientras me levantaba (un rey jamás se humilla ante nadie) y escuché la risa tan familiar del jardinero, Mi jardinero.
—Pero a veces es bueno perderse, de vez en cuando...para saber cual es nuestro verdadero camino.—me decía mientras se acercaba a mí y me abrazaba protectoramente, cubriéndome de la lluvia que comenzaba a caer.
Sentí su abrazo, cálido y amable y lo abracé también. Mi corazón tembló ante tal acto y ambos seguimos avanzando mientras el viento y la lluvia se llevaban mis palabras:
—La verdad, no sé por dónde voy ni dónde estoy pero tú vas conmigo y
te siento a mi lado...y así no necesito saber nada más.
We'll walk this road together, through the storm...

No hay comentarios:
Publicar un comentario