Entonces, intente seguirla, pero era muy tarde; ya me habían detenido
con todas sus cadenas. Me gritaban que debía guardar silencio o entonces
él despertaría y decidí callar y dejar que me llevaran con ellos.
Al amanecer, lo único que pude ver fue la sonrisa enorme de
la luna. Yo sabía que ella me odiaba, sin embargo, verla sonreír así por
mi dolor era simplemente desgarrante. No podía llorar por más que lo
deseaba; se habían llevado mis lágrimas pero por dentro no hacía más que
sufrir. [...]

No hay comentarios:
Publicar un comentario