domingo, 20 de octubre de 2013

Cacería



Había una que yo recordaba, sobre un joven que una vez se fue de cacería, y todo el día él y sus perros cazaron por todos lados, y cruzaron los ríos y penetraron todos los bosques, y rodearon los pantanos, pero no pudieron encontrar nada, y cazaron todo el día hasta que el sol bajó y comenzó a ponerse sobre la montañas. Y el joven estaba furioso porque no podía encontrar nada, y se iba a dar la vuelta, cuando, justo cuando el sol tocó la montaña, él vio salir de un soto frente a él, un hermoso ciervo blanco. Y animó a sus perros, pero ellos gimieron y se resistieron a seguir, y animó a su caballo, pero éste tembló y se quedó quieto como un tronco, y el joven saltó de su caballo y abandonó a sus perros y comenzó a seguir al ciervo blanco completamente solo. Y pronto todo se hizo completamente oscuro, y el cielo estaba negro, sin una sola estrella brillando, y el ciervo penetró en la oscuridad. Y a pesar de que el hombre había traído su fusil, nunca le disparó al ciervo, porque quería atraparlo, tenía miedo de perderlo en la noche. Pero no lo perdió ni una sola vez, aunque el cielo estuviera tan negro y el aire tan oscuro; y el ciervo avanzó y avanzó hasta que el hombre ya no tuvo ni la más remota de idea del lugar en que se encontraba. Y avanzaron por enormes bosques donde el aire estaba lleno de susurros y una pálida y agonizante luz brotaba de los troncos podridos que yacían en el suelo, y justo cuando el hombre creía haber perdido al ciervo, lo veía todo blanco y brillante frente a él, y entonces él corría rápidamente para atraparlo, pero el ciervo siempre corría más rápido, y no lo podía atrapar. Y cruzaron los enormes bosques, y nadaron a través de ríos, y vadearon a través de negros pantanos donde el piso burbujeaba, y el aire estaba lleno de fuegos fatuos y el ciervo voló a través de estrechos valles, donde el aire tenía el olor de una cripta, y el hombre lo siguió. Y atravesaron las grandes montañas y el hombre escuchó el aire bajar del cielo, y el ciervo siguió avanzando y el hombre lo siguió. Al final el sol se alzó y el joven descubrió que estaba en un país que nunca había visto; era un valle hermoso con un arroyo de superficie lisa corriendo a través de él, y una enorme y grandiosa colina redonda en el centro. Y el ciervo bajó al valle, hacia la colina, y parecía estar ya cansándose yendo cada vez más y más lento; y a pesar de que estaba cansado también, el hombre empezó a ir más rápido, y estaba seguro de que atraparía finalmente al ciervo. Pero al tiempo en que llegaban a las faldas de la colina, y el hombre estiraba su mano para atrapar al ciervo, éste desapareció dentro de la tierra, y el hombre comenzó a llorar, apesadumbrado por haberlo perdido después de su larga cacería. Pero mientras lloraba vio que había una puerta en la colina, justo enfrente de él, y se metió, y estaba muy oscuro, pero él siguió, porque pensaba que encontraría al ciervo blanco.
Y de repente se hizo la luz, y ahí estaba el cielo, y el sol brillando, y pájaros cantando en los árboles, y había una hermosa fuente. Y junto a la fuente estaba sentada una dama encantadora, ella era la reina de las hadas, y le dijo al hombre que ella se había convertido en un ciervo para atraerlo porque estaba enamorada de él. Entonces ella trajo de su palacio una gran copa de oro, cubierta de joyas, y le ofreció vino en esa copa para que bebiera. Y él bebió, y entre más bebía más anhelaba beber, porque el vino era encantado. Y entonces él besó a la encantadora dama, y ella se convirtió en sus esposa, y él se quedó todo ese día y toda esa noche en la colina donde ella vivía, y cuando despertó descubrió que estaba tirado en el suelo, cerca de donde había visto al ciervo por primera vez, y su caballo y sus perros estaban ahí esperando, y miró al cielo, el sol se hundió detrás de la montaña. Volvió a casa y vivió mucho tiempo, pero nunca besó a ninguna otra mujer, porque él había besado a la reina de las hadas; y nunca bebió vino común, porque él había bebido del vino encantado.

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