Ella dijo que, en algún lugar, había un foso vacío, como
éste en el que yo ahora estaba, todo el mundo tenía miedo de meterse en él o
incluso acercarse, era un lugar muy malo. Pero una vez hubo una niña pobre que
dijo que ella se iba meter en el foso, y todo el mundo trató de detenerla, pero
ella fue de todos modos. Y ella bajó al foso y regresó riéndose, y dijo que no
había nada de nada allí abajo, excepto hierba verde y piedras rojas, piedras
blancas y flores amarillas. Y poco después la gente vio que ella tenía los más
hermosos aretes de esmeraldas, y le preguntaron de dónde los había sacado si
ella y su madre eran tan pobres. Pero ella se rió, y dijo que sus aretes no
estaban de ninguna manera hechos de esmeraldas, sino de hierba verde. Luego, un
día, ella llevaba en el pecho el más rojo rubí que nadie hubiera visto, era tan
grande como un huevo de gallina y brillaba y chispeaba como un carbón al
rojo vivo. Y le preguntaron de dónde lo había sacado si ella y su madre eran
tan pobres. Pero ella se rió, y dijo que no era de ninguna manera un rubí, sino
una piedra roja. Entonces, un día, ella llevaba en su cuello el collar más
hermoso que nadie hubiera visto, mucha más fino que el más fino collar de la
reina, y estaba hecho de grandes y vistosos diamantes, cientos de ellos, y brillaban
como todas las estrellas en una noche de junio. Y le preguntaron de dónde lo
había sacado si ella y su madre eran tan pobres. Pero ella se río y dijo que de
ninguna manera era diamantes, sino sólo piedras blancas. Y un día ella fue a la
Corte, y ella llevaba en su cabeza una corona de angélico oro puro, y brillaba
como el sol, y era mucho más espléndida que la corona que llevaba el mismísimo
rey, y en sus orejas llevaba las esmeraldas, el enorme rubí era el broche en su
pecho, y el gran collar de diamantes brillaba en su cuello. Y el rey y la reina
creyeron que era alguna importante princesa que venía de tierras lejanas, y
bajaron de sus tronos para conocerla, pero alguien les dijo a los reyes quién
era ella, y que ella era muy pobre. Y entonces el rey preguntó porqué llevaba
una corona de oro y de dónde lo había sacado si ella y su madre eran tan pobres.
Y ella se rió, y dijo que de ninguna manera era una corona de oro, sino sólo unas
flores amarillas que se había puesto en el cabello. Y el rey pensó que eso era muy
extraño, y dijo que ella debía quedarse en la Corte, y ya verían que pasaba. Y ella
lucía tan adorable que todos decían que sus ojos eran más verdes que las esmeraldas,
que sus labios eran más rojos que el rubí, que su piel era más blanca que los
diamantes, y que su cabello era más brillante que la corona dorada. Y entonces
el hijo del rey dijo que se casaría con ella, y el rey dijo “lo harás.” Y el obispo
los casó, y hubo una gran cena, y después el hijo del rey fue a la habitación de
su esposa. Pero, justo cuando tenía su mano en la puerta, vio un alto hombre negro,
con un rostro temible, parado frente a la puerta, y una voz dijo:
No te aventures, por tú vida, Ésta mujer a mí está unida
Entonces el hijo del rey cayó al suelo fulminado. Y vinieron
y trataron de entrar al cuarto, pero no pudieron, y atacaron la puerta con
hachas, pero la madera se había vuelto dura como el hierro, y al final todos
huyeron, estaban tan asustados por los gritos y risas y alaridos y llantos que
salían del cuarto. Pero al día siguiente entraron, y descubrieron que no había
nada en la habitación excepto un espeso humo negro, porque el hombre negro
había venido y se la había llevado. Y en la cama había dos nudos de hierba
marchita y una piedra roja, y algunas piedras blancas y algunas marchitas
flores amarillas.
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