sábado, 19 de octubre de 2013

De fosos




Ella dijo que, en algún lugar, había un foso vacío, como éste en el que yo ahora estaba, todo el mundo tenía miedo de meterse en él o incluso acercarse, era un lugar muy malo. Pero una vez hubo una niña pobre que dijo que ella se iba meter en el foso, y todo el mundo trató de detenerla, pero ella fue de todos modos. Y ella bajó al foso y regresó riéndose, y dijo que no había nada de nada allí abajo, excepto hierba verde y piedras rojas, piedras blancas y flores amarillas. Y poco después la gente vio que ella tenía los más hermosos aretes de esmeraldas, y le preguntaron de dónde los había sacado si ella y su madre eran tan pobres. Pero ella se rió, y dijo que sus aretes no estaban de ninguna manera hechos de esmeraldas, sino de hierba verde. Luego, un día, ella llevaba en el pecho el más rojo rubí que nadie hubiera visto, era tan grande como un huevo de gallina y brillaba y chispeaba como un carbón al rojo vivo. Y le preguntaron de dónde lo había sacado si ella y su madre eran tan pobres. Pero ella se rió, y dijo que no era de ninguna manera un rubí, sino una piedra roja. Entonces, un día, ella llevaba en su cuello el collar más hermoso que nadie hubiera visto, mucha más fino que el más fino collar de la reina, y estaba hecho de grandes y vistosos diamantes, cientos de ellos, y brillaban como todas las estrellas en una noche de junio. Y le preguntaron de dónde lo había sacado si ella y su madre eran tan pobres. Pero ella se río y dijo que de ninguna manera era diamantes, sino sólo piedras blancas. Y un día ella fue a la Corte, y ella llevaba en su cabeza una corona de angélico oro puro, y brillaba como el sol, y era mucho más espléndida que la corona que llevaba el mismísimo rey, y en sus orejas llevaba las esmeraldas, el enorme rubí era el broche en su pecho, y el gran collar de diamantes brillaba en su cuello. Y el rey y la reina creyeron que era alguna importante princesa que venía de tierras lejanas, y bajaron de sus tronos para conocerla, pero alguien les dijo a los reyes quién era ella, y que ella era muy pobre. Y entonces el rey preguntó porqué llevaba una corona de oro y de dónde lo había sacado si ella y su madre eran tan pobres. Y ella se rió, y dijo que de ninguna manera era una corona de oro, sino sólo unas flores amarillas que se había puesto en el cabello. Y el rey pensó que eso era muy extraño, y dijo que ella debía quedarse en la Corte, y ya verían que pasaba. Y ella lucía tan adorable que todos decían que sus ojos eran más verdes que las esmeraldas, que sus labios eran más rojos que el rubí, que su piel era más blanca que los diamantes, y que su cabello era más brillante que la corona dorada. Y entonces el hijo del rey dijo que se casaría con ella, y el rey dijo “lo harás.” Y el obispo los casó, y hubo una gran cena, y después el hijo del rey fue a la habitación de su esposa. Pero, justo cuando tenía su mano en la puerta, vio un alto hombre negro, con un rostro temible, parado frente a la puerta, y una voz dijo:


No te aventures, por tú vida, Ésta mujer a mí está unida

Entonces el hijo del rey cayó al suelo fulminado. Y vinieron y trataron de entrar al cuarto, pero no pudieron, y atacaron la puerta con hachas, pero la madera se había vuelto dura como el hierro, y al final todos huyeron, estaban tan asustados por los gritos y risas y alaridos y llantos que salían del cuarto. Pero al día siguiente entraron, y descubrieron que no había nada en la habitación excepto un espeso humo negro, porque el hombre negro había venido y se la había llevado. Y en la cama había dos nudos de hierba marchita y una piedra roja, y algunas piedras blancas y algunas marchitas flores amarillas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario