sábado, 20 de octubre de 2012

Esa vez de niña..

Cuando era más pequeña, vi a mi mamá azotar la puerta y romperla mientras le gritaba cosas horribles a mi papá. Me pareció terrible y se lo conté a mi hermano, quien me respondió que no pasaba nada malo y que ellos se querían mucho. Yo pensé que seguramente así era el amor.
          Pasó el tiempo, crecí lastimando, molestándome, y gritándole a las personas que más quería, logrando nada más que hacer que se alejaran de mí. Me confundí, me molesté y me lastimé. Pero, el tiempo pasó y llegó el día en el que conocí a alguien a quien no quería lastimar, sino ver feliz, a pesar de pensar que eso era de lo que el amor se trataba. Me di cuenta con el tiempo que lo que quería era verle feliz, hacerle reír y sentir bien. Ésto, por supuesto, me hizo sentir bien a mí también y nuestra felicidad tenía el mismo valor. Supe entonces que el amor se trataba de eso: de pensar en la otra persona al igual que en uno mismo, de igualar los intereses, de respetarse, de darse su espacio cuando es necesario, y de hablar las cosas, no gritarlas. Fue hasta entonces cuando aprendí que cuando amas a alguien no rompes puertas...las abres.

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