martes, 23 de octubre de 2012

De cómo aprietan las piernas cuando duele el corazón.

Desperté en medio de la noche fría con la cara empapada de sudor. No fue por un mal sueño ni por algo parecido. Ni siquiera sentía calor físicamente, pero por dentro, sentía que me quemaba.

Quise ver hacia afuera, escuchaba la lluvia, pero lo único que encontré fue la tenebrosa oscuridad de la noche. Ni una sola gota de lluvia brillaba en la ventana. ¿Qué podía ser ese ruido tan familiar, entonces?

Miré hacia el otro lado de la cama y ahí estabas tú. Sentí una tremenda envidia. ¿Cómo era posible que después de tanto pudieses dormir así? Traté de convencerme de que tú tampoco estabas descansando, supongo que quería evitar más rencores, yo seguía molesta por lo que había pasado hace unas horas. No sólo contigo, pero también conmigo. No es lo que tú piensas, y de eso estoy segura.

Me gustaría que me lo dijeras una vez más. La manera en que todo lo olvidaste, me hace pensar que tal vez fue un sueño; pero el dolor está vivo y siento como crece dentro mío.
Por favor, dímelo y ya;
porque sé que lo puedo sentir.
porque yo no tuve el valor de dejarlo salir

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